Mi profesor de historia de bachillerato es un personaje peculiar, sus cátedras fueron conocidas por generaciones, así como su singular método de enseñanza. Dudo que exista algún alumno suyo que no lo recuerde. Muchas de sus enseñanzas se basaban en conceptos propios que son difíciles de encontrar en bibliografías comunes.
Definía a la Historia como: “Es el estudio sistemático y cronológico de todos aquellos hechos importantes en los que ha intervenido el hombre desde su aparición en el planeta y que han repercutido preponderantemente hasta nuestros días”. Desafiaba todo lo escrito en los libros de texto, fomentaba la investigación y a los historiadores autónomos.
La historia de México le resultaba particularmente curiosa, la relataba con romanticismo, con emoción, aunque siempre recordando que la mayoría de los sucesos del país eran repercusiones de otros de mayor importancia alrededor del globo. Pues sí, siempre hemos sido unos copiones, eso no es noticia. Aun bajo sus métodos de enseñanza, la revolución mexicana era uno de los temas mas complejos de estudiar. Siempre llegaba el momento en que nos llegábamos a preguntar: “¿Te cae?”.
Pues sí, no es sencillo, lo más fácil de entender de aquellos sucesos era el disgusto de la población sometida de una nación. La riqueza de unos a costa del sufrimiento de la mayoría. Eso, eso es muy fácil de entender en condiciones actuales. Pero luego todo se vuelve muy confuso y enredado, maderistas contra porfiristas, zapatistas contra maderistas, huertistas contra carranzistas, y luego, todos contra todos.
Inclusive, es tan complicado, que si tuviéramos que dividir a todos los personajes involucrados en dos bandos (los buenos y los malos), las conjeturas y conclusiones de los historiadores nos llevarían a otra revolución. Sin embargo, para bien de la nación los gobiernos posteriores llegaron a un conclusión práctica, sencilla y definitiva: “El malo malo, siempre puede ser Porfirio Díaz, ¿qué? ¿No?”. ¿Y adivinen qué? Pues funcionó. Además, los mexicanos somos bien buenos para eso, en serio. ¿Por qué culpar a muchos, cuando se puede culpar a uno solo? ¿Por qué tomar responsabilidades cuando podemos nombrar a un solo responsable? ¿Les suena?
Es curioso, pobre Porfirio, se equivocaba, como todos, pero como los grandes villanos de la historia, su mayor error, fué rodearse de la gente equivocada. “El pueblo mexicano ya estaba apto para la democracia, yo me retiraré” decía. Pues sí mano, la cosa es que no te iban a dejar, no el pueblo, sino todos tus protegidos.
Madero pensó lo mismo, sabía que la ruta electoral no podría ser el camino, la dictadura estaba cimentada con armas y solo con armas podría terminar. Era lógico, tampoco descubrió el hilo negro. Los obreros y campesinos estaban cansados, lastimados, humillados y desorganizados. Querían mejores condiciones, querían tierra, querían libertad. Buscaban un culpable, querían quemar algo.
Luego vino la lucha, los malentendidos, la ambición, los ideales y todo eso que hicieron un desmadre del país por varios años, Porfirio se alejó y murió fuera del territorio nacional, en ese momento ya a nadie le importaba, todos se habían dado cuenta, que él no era el principal problema. Fuero muchos años de guerrillas, saqueos, violaciones, asesinatos, fusilamientos, excesos, hasta que cansados todos, decidieron que tendrían que conformarse al menos con algo. Una reforma a la constitución, la más importante, sí, pero no una nueva.
Entonces, aquella fue una lucha con logros frustrados, incompletos, pero sustentada en una nación ignorante, desorganizada y oprimida. La única salida posible a todos los problemas del país era a través de las armas, de la revuelta y la lucha, para luego en un clima menos reprimido, intentar la organización.
Hoy la sociedad mexicana está dividida, los de en medio sostienen a los de arriba y a los de abajo, las organizaciones laborales han sido consumidas por la ambición y la corrupción. No se busca tierra, no se busca libertad, mientras unos buscan mejores condiciones de trabajo, otros buscan conservar los beneficios exagerados que sus organizaciones les han brindado. El campo está destruido y los hacendados se han transformado en empresarios.
Pero nos confundimos y pedimos revolución, tomamos estandartes de personajes que no conocemos, que nunca comprendimos. No tenemos un gobierno que se sostenga mediante las armas, ni que sea represor en términos equivalentes a los de hace 100 años, pero buscamos un Porfirio Díaz (el cual, por cierto, aun no nos decidimos en nombrar). No tenemos barreras de comunicación, ni limitantes tecnológicas, tenemos gobernantes electos mediante el sufragio efectivo y no se practica la reelección. Inclusive, tenemos la oportunidad de poner en tela de juicio sus decisiones. La cosas están mal, pero seguimos distraídos, confundidos, queremos revuelta, queremos quemar algo.
- Mi profesor de historia hacía énfasis en que el objetivo real de la historia era estudiar los errores del pasado, para no volverlos a cometer en el presente.Cuando era niño recuerdo que mi madre me recordaba cual era el resultado de intentar mentirle, me lo recordaba con una claridad, que no deseaba hacerlo nunca más. Ella era la historiadora de mi vida.
El 20 de noviembre se conmemora el inicio de la revolución mexicana, cuyos festejos hoy en día, involucran solo actividades artísticas y deportivas.
TL;DR